El teléfono de Adara vibró en la mesa, su pantalla se iluminó con el nombre de Vladislav Drakos. Con un suspiro, lo miró por un momento. Ella lo había llamado cuatro veces esa tarde, sin lograr conexión con él. La ansiedad que sentía la desbordaba, pero no podía evitarlo. Sabía que tenía que hablar con él, aclarar lo que había encontrado en el expediente. Algo no cuadraba, y él era la única persona que podría darle las respuestas. Se dijo que a pesar de todo lo que sentía por él, a pesar de la