Eryndor, desde la distancia era consciente de la presencia extraña que se si bien no estaba en las tierras élficas sí podía tener la virtud de percibir que finalmente Adara había logrado volver a su llegar, sus tierras. Para él, la amenaza no era preocupación que le inquietara. Al contrario, disfrutaba hacerles creer que nadie se daba cuenta e su constante acecho. Él sí sabía quién era, lo sentía; solo aguardaba el momento justo en el que los caminos se deben cruzar.
A unos metros de distancia,