El silencio entre Adara y Vladislav pesaba como un muro invisible. Ionela, que aún estaba cerca, sintió el cambio de aire y retrocedió sin que Adara se lo pidiera, como si la tensión misma la expulsara del lugar.
Jazz rugió dentro de Adara, impaciente, inquieta, despertando cada fibra de su naturaleza preparada para defender la verdad… o atacar la mentira.
—Vlad… —comenzó ella, con voz baja— hay algo que descubrí sobre Irina. No sé cómo decírtelo sin que parezca una acusación irracional, pero…