El amanecer apenas había comenzado a filtrarse por los ventanales rotos del salón cuando Adara decidió tomar distancia. La batalla había sido brutal, y aunque el monstruo había sido sellado, lo más inquietante era lo que había descubierto antes. Entre la adrenalina y el caos, había escuchado a Irina… había visto a Irina.
Y lo que había escuchado no podía olvidarlo.
Ionela la observaba caminar de un lado a otro con los brazos cruzados sobres sus pechos, con una expresión en su rastro de caos in