La mañana avanzaba lentamente en el departamento de Adara. El café aún humeaba en la taza, pero ella apenas lo había probado. Se encontraba sentada frente a la mesa de la cocina, con la mirada perdida en la espuma marrón.
Había despertado con la sensación de haber vivido una pesadilla, aunque no recordaba nada. El silencio de la sala, la alfombra ligeramente arrugada como si hubiera pasado horas ahí, le provocaba un escalofrío.
—Tal vez trabajé demasiado… —se dijo en voz baja, intentando conven