Lo que no sabía Christian, mucho menos Adara, que por las argucias de su visitante demoníaco había perdido la conciencia de sus actos y más aún la capacidad de percibir la maldad oculta detrás de un rostro que asimiló con el amor de su vida, era que alguien observaba desde las sombras. Blade, oculto en su auto al otro lado de la calle de la entrada del edificio, sonrió al ver un auto familiar estacionarse en toda la entrada de éste.
Blade había estado detrás de Adara desde que salió del bufete