Horas después, el eco del cristal rompiéndose resonó como un trueno en el penthouse de Christian. Apenas había cerrado la puerta detrás de él cuando su furia lo dominó. Con un gesto violento lanzó la copa de whisky contra la pared, viendo cómo los fragmentos de vidrio se esparcían como astillas brillantes sobre el piso de mármol.
—¡Maldita sea! —rugió con la voz cargada de una frustración que quemaba.
Había planeado todo con detalle, fue cuidadoso en tomar en cuenta todo, incluso en la decisión