El olor a gasolina y chatarra quemada aún estaba impregnado en la nariz de Christian cuando subió al taxi que se detuvo frente a él.
—¿A dónde? —preguntó el chofer al verlo acomodado.
—Arranque —exigió en un tono de voz seco mientras miraba su auto aun ardiendo y alrededor había varias personas.
Su mirada quedó prendada al parabrisas cuando el hombre obedeció y arrancó. Christian creyó ver temblar el parabrisas mientras sus manos estaban crispadas en su regazo. La explosión había sido certera