Vladislav entró en la mansión como una tormenta, dejando ver la furia implacable que dominaba todo su ser. La luz tenue que iluminaba los pasillos apenas podía reflejar la tensión en su rostro, donde los ojos rojos y las venas marcadas lo hacían parecer más una criatura de las sombras que un hombre. Cada paso resonaba con fuerza sobre el mármol frío, como un golpe que reverberaba por toda la mansión. La tormenta en su interior era palpable, tanto como el aire denso que lo rodeaba.
La simple ide