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Regresé a casa. Al entrar, me encontré con Pietro en el vestíbulo, algo que me resultó extraño, ya que él siempre estaba encerrado en su oficina. Cuando me vio, esbozó una sonrisa y se acercó lentamente hacia mí. Lo esquivé y continué mi camino hacia las escaleras, pero sentí su mano cerrarse con fuerza alrededor de mi brazo, deteniéndome en seco.

—¿Ya se ha cansado de ti?— dijo con un tono burlón.

Me di la vuelta y lo enfrenté. Tomé su mano y, dedo por dedo, la separé de mi brazo. Luego, le so
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