Mundo ficciónIniciar sesiónElectra se despertó en su habitación, todavía envuelta en un manto de confusión y tristeza. La brutalidad de la batalla reciente la había dejado marcada, con la memoria de sus amigos caídos atormentando su mente. La pena la envolvía como una sombra, recordándole constantemente la lucha desigual que había enfrentado.Al final, Electra debe enfrentar el verdadero significado del sacrificio, el amor y el poder mientras navega por un mundo donde nada es lo que parece y la línea entre héroe y villano se desdibuja en una enmarañada red de destino y elección
Leer másLa guerra había terminado.Las ruinas del santuario quedaron atrás, como el eco de una era que ya no volvería. La grieta entre mundos fue cerrada. La oscuridad que alguna vez amenazó con consumirlo todo… ahora era solo una sombra más entre los recuerdos.Pero los sobrevivientes sabían algo que el resto del mundo ignoraba:la paz no llega con un final, sino con una elección.Y ellos la eligieron.Electra no volvió a Ebrerton ni a Lunaria, a menos que fuera solicitada por Maya, o por Eidili en Ebrerton. Su hogar era junto a James, su lobo sexy y atractivo. Ahora caminaba junto a él, rumbo al territorio de su manada: Blood Moon. Allí, entre montañas cubiertas de niebla y bosques antiguos, la esperaban no como una fénix, ni como una hija del fuego, sino como su Luna. La más poderosa de todas.No fue fácil al principio. Las tradiciones, los ancianos, los secretos de esa tierra nueva. Pero Electra no temía los cambios. Había nacido para atravesarlos.James la presentó como su compañera e
El cielo rugía como un animal herido.James, en su forma dracónica, embistió a Gwyddyon con un rugido que desgarró las nubes. Las llamas que brotaban de su garganta no eran solo fuego: eran venganza, dolor y amor comprimidos durante siglos.—¡¿Dónde están los padres de Electra?! —rugió, sus alas desplegadas como dos muros ardientes—. ¡Respóndeme, bruja!Gwyddyon sonrió, impasible, sus ojos negros como pozos sin fondo. Vestía de sombras, y su cuerpo ya no era del todo humano. Su piel estaba marcada por runas sangrientas, y detrás de ella se alzaban tentáculos de energía oscura, como si la misma oscuridad la coronara.—¿Aún no entiendes? Tus padres… viven solo en su miedo. Yo soy su carcelera, su diosa… ¡y su verduga! Aunque, querrás decir tu oadElectra, envuelta en fuego dorado, se colocó al lado de James. El cabello le danzaba como llamas, y sus ojos brillaban como soles diminutos.—No eres una diosa. Eres una enfermedad. Y voy a ser tu cura. ¡Si los tocaste te mataré, Gwyddyon!—Oh,
El zorro akira estaba en shock, lo que veían sus ojos era imposible de creer.Irlina, la mujer que amaba convertida en un monstruo extraño. De su cuerpo salían extremidades que parecían alas esqueléticas, parecían las alas de un vampiro y de sus manos salian uñas demasiado largas deformadas, sus ojos estaban como rubíes de rojos.—¿Entonces que dices, amor?— le preguntó en un tono seductor y provocativo. Nada usual en Irlina. —¿Dónde esta ella? ¡Dímelo!— La cosa frente a él sonreía o aparentemente eso hacía.Akira sin razonar atacó, el monstruo esquivó con facilidad. No dejaría que Gwyddyon intentara manipularlo, no la dejaría salirse con la suya. —¿Cómo puedes atacarme, amor? Soy yo, Rosemary— le dijo sonriendo enviando una holeada de magia oscura. Akira desvió el ataque de volviéndolo a ella pero ahora triplicado en poder.Pero la magia se deshizo antes de llegar a ella.—Voy hacer que salga s de su cuerpo y después voy a enviarte al infierno. — espetó con rabia. El suelo ardía ba
La luz que manaba del corazón de la tierra no era solo magia antigua: era una advertencia.—El sello… está respondiendo a Hanna —susurró James, sintiendo que su propia energía oscilaba como un hilo a punto de romperse.— Hay que localizarla, antes de que sea tarde.Electra lo tomó de la mano, con fuerza.—Entonces iremos a ella. Juntos.El único estaba cerca era Akira que batallaba contra un grupo de criaturas deformadas, tenía en su pecho una extraña sensación. Sentía tan cerca la presencia de Irlina que pensó que tal vez algún hechizo lo había alcanzado.—¡Akira!— lo llamo con urgencia Electra, ayudando a combatir a los enemigos que lo rodeaban—Tenemos un problema. —Lo sé. — y de un golpe con su espada terminó con los enemigos cerca.— La energía cambió y además todos estamos dispersos. Es lo que esa maldita bruja quiere. —Entonces, no le demos ese gusto. Vamos a reunirnos y a buscar a Hanna. — akira asintió y al percatarse de la presencia de James le apuntó con la espada al cuello.
Último capítulo