El motor se apagó. El silencio que siguió fue brutal.nGiorgio bajó primero. Yo tardé un segundo más.
El refugio parecía un templo olvidado entre sombras y árboles. La tensión se cortaba en el aire apenas pusimos un pie dentro. Las miradas se clavaron en Giorgio como cuchillos. Él lo sabía. para todos en ese lugar el era el enemigo.
—creo que no soy bienvenido aqui— me dijo en voz baja y en tono de burla como para bajar un poco la tensión.
—no hagas que te maten— le dije. Giorgio asintió con la