Las líneas amarillas me guiaron a través de un laberinto de pasillos idénticos.
Paredes grises. Puertas numeradas. Luces fluorescentes que zumbaban con esa frecuencia específica diseñada para mantener a la gente alerta y ligeramente incómoda. El olor era una mezcla de antiséptico, metal y algo más. Algo que mi nariz amortiguada apenas podía detectar, pero que mi instinto reconocía.
Miedo. Dolor. Desesperanza.
Los fantasmas de cientos de prisioneros impregnaban estas paredes.
El edificio adminis