Henrik llevaba la noche entera atado en la tienda más pequeña del campamento.
No había pedido agua. No había pedido comida. No había intentado hablar con los dos guerreros de la Cordillera que lo custodiaban ni había mostrado ninguno de los signos que muestran los prisioneros que están procesando el peso de lo que les espera.
Estaba simplemente quieto.
Con la quietud específica de quien ha completado lo que vino a hacer y el resto ya no depende de él.
Lucía entró sola.
No por estrategia de inte