Ariel bajó los escalones despacio.
No como quien tiene prisa. Como quien tiene todo el tiempo del mundo y lo sabe. Cada paso medido. Cada movimiento una declaración de que el espacio que pisaba le pertenecía desde antes de que cualquiera de ellos naciera.
Lucía no retrocedió.
Le costó. Los instintos rugían tan fuerte que el sonido casi era físico, una presión en el interior del cráneo. Pero mantuvo los pies en su sitio y apretó el brazo de Dante contra su costado.
—Interesante —dijo Ariel. Mira