La playa de Arcadia olía a flores.
Eso fue lo primero que Lucía notó. Flores tropicales, dulces y pesadas, completamente imposibles en esa latitud. El tipo de olor que debería haber sido hermoso.
No lo era.
Los cincuenta lobos seguían inmóviles frente a ellos. Formación perfecta, como si alguien hubiera dibujado la escena con regla y compás. Ninguno gruñía. Ninguno mostraba los colmillos. Ninguno parpadaba.
Los ojos, eso era lo peor. Abiertos del todo. Sin vida dentro.
—¿Por qué no atacan? —mur