El aire olía a transición. No a muerte, no a nacimiento: algo entre ambos. Como el instante exacto en que una llama cambia de azul a dorado. Elia lo supo al despertar. Riven aún dormía, respirando con lentitud junto al cuaderno abierto. Pero el bosque... el bosque murmuraba distinto.
Había un zumbido tenue en las plantas bajas, como si las raíces hablaran entre sí. Elia no oía palabras, pero percibía una pregunta suspendida. No de advertencia. De espera.
Se levantó sin hacer ruido. El hilo en s