Elia despertó con el primer resplandor del amanecer filtrándose entre las rendijas de la cabaña. La noche había sido serena, sin sueños vívidos ni visiones, pero al abrir los ojos, sintió que algo había cambiado. No era el mundo exterior. Era dentro de ella. Un eco suave, una certeza sin forma que vibraba muy por debajo de los pensamientos. Se incorporó despacio, como si cada movimiento formara parte de un ritual que aún no comprendía del todo.
Antes de abrir los ojos por completo, una imagen f