Ariana
Lo dejé ir. O, al menos, eso es lo que pensé en el momento en que me levanté de su cama y me dirigí hacia la puerta. Él estaba allí, mirándome con esos ojos oscuros llenos de dolor y contradicción, y aunque mi corazón me pedía quedarme, algo en mí sabía que no podía seguir siendo la única que luchaba. Él tenía que encontrar su camino, como yo encontré el mío, aunque lo odiara, aunque lo amara.
Así que lo dejé ir. Pero no me alejé demasiado. No pude. Me quedé cerca, aguardando en silencio