Killian
El viaje fue silencioso, casi incómodo al principio, como si ambos estuviéramos tratando de encontrar una nueva forma de respirar. Ariana a mi lado, el sol bañando su rostro con esa luz dorada que solía hacerla brillar de una manera casi etérea. Ya no había palabras vacías entre nosotros, ya no había espacio para promesas que no se pudieran cumplir. Este viaje, esta casa en ruinas… era todo lo que teníamos ahora. Una oportunidad. Un espacio para reconstruirnos, tal como haríamos con la