Cierto día, Aleyda estaba terminando de hacer la cena cuando tocaron la puerta. Ella sintió temor de abrir, pero luego imaginó que Ethan había olvidado las llaves como sucedía en algunas ocasiones que, por ir tarde las olvidaba.
Y efectivamente, se trataba de él.
—Buenas tardes, cariño—. Saludó, dándole un beso en los labios como siempre.
Lo raro es que Ethan no reaccionó, prácticamente se quedó paralizado. Ella lo sintió extraño.
—¿Ha pasado algo, mi amor?—. preguntó ella.
—No pasa nada. Es so