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Aleyda quiso escapar. Creyó que la estaba culpando al comprometerme con algo que yo no quería: hacerme responsable de ella.

Salí y la detuve. Estaba a punto de parar un taxi, no sé para dónde pretendía dirigirse porque ya había dicho que no había nadie más aparte de su tía.

—Aleyda, espera, por favor.

—¿Qué quieres? Ya te agradecí por lo que hiciste.

—No puedes andar con ese vestido en la calle. Pensarán que te has escapado de un manicomio—. dije en modo de broma pero a ella no le cayó en graci
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