Capítulo 98. Ella es dinamita encendida.
Izan
Ella sonrió, una sonrisa lenta y provocadora que me hizo hervir la sangre, como si poco le importaran mis palabras.
—¿Y qué harás, Armone? —ronroneó mi nombre—. ¿Me golpearás? ¿Me matarás? ¿O simplemente te quedarás ahí, temblando como un cachorro asustado?
No pude contenerme más. La tomé por la nuca y estrellé mis labios contra los suyos. Fue un beso violento, furioso, cargado de toda la tensión acumulada. Ella me respondió con la misma intensidad, sus uñas clavándose en mis hombros.
Sus