Capítulo 97. Bajo amenaza.
Izan
Nunca en mi jodida vida había conocido a alguien como ella.
Ni en los clubes clandestinos. Ni en las misiones donde las mujeres usaban su cuerpo para manipular o rogar por clemencia. Nadie. Nadie como Verónica Ferrari.
Y eso me cabreaba.
Porque mientras me reponía del golpe directo a mis pelotas, lo único que podía pensar era en lo jodidamente hermosa que era. Cabello oscuro como la noche, los ojos azules intensos, de esos que te desnudaban sin pedir permiso, labios hechos para bendecirte.