Capítulo final. La caída del Zar y el despertar de la Reina Sangrienta.
Trina Quintero Armone
No sé cuánto tiempo había pasado desde que crucé aquella puerta, desde que dejé atrás su mirada, sus palabras, su sentencia. Solo sabía que algo dentro de mí no me dejaba respirar. Era un presentimiento. Una angustia que me carcomía como ácido en las entrañas.
Había intentado llamarlo… una, dos, diez veces. Pero Dominic no contestaba. Y aunque él había sido claro: "Si te vas, para mí estás muerta", había dicho. Yo no podía sacármelo de la cabeza, tampoco fingir que él o yo