EPÍLOGO — Un nuevo Camino
Había pasado exactamente un año desde que el búnker de la Corporación Ardeón se convirtió en una pira de silicio y soberbia. Un año desde que Camilo Ardeón, en su último suspiro de malicia, le arrebató a la manada su posesión más valiosa: el anonimato.
Tao caminaba por el sendero que conectaba la aldea vieja con los nuevos asentamientos. Ya no vestía como el joven impulsivo de antes. Llevaba una túnica de lino oscuro y cuero, y en su brazo derecho lucía una marca grab