CAPÍTULO 85— La última Invasión
— ¿Sientes eso, Tao? —la voz de Camilo era una distorsión metálica que parecía salir de varios altavoces a la vez— Es el silencio del sistema nervioso. He borrado los receptores de dolor de mi neocórtex. Para mí, tu mejor golpe es solo un dato estadístico, una fluctuación en mis sensores de impacto. Tú, en cambio, te estás desangrando.
Tao escupió un coágulo de sangre y levantó la vista. Sus ojos blancos, el signo de la Amalgama activa, destellaban con una furia