CAPÍTULO 89— El fin del Secreto
En el centro del patio principal, rodeada por los restos de la pasarela de seguridad y los cadáveres de los mercenarios humanos, Kerana permanecía de pie. No estaba transformada, pero su presencia era más imponente que la de cualquier bestia. Su piel, manchada de hollín y sangre ajena, emitía un fulgor blanco plateado que cortaba la penumbra. A su alrededor, más de doscientos lobos de la Guardia Negra, ahora libres del yugo químico, montaban guardia. Formaban un