CAPÍTULO 87— La reina de las sombras
— Tao… por favor —susurró ella, su voz quebrándose contra el ruido de las alarmas de emergencia— No me dejes en este mundo sin tu luz. Ya ganaste. Ya lo borraste. Vuelve conmigo.
Pero Tao no respondió. Sus ojos permanecían cerrados, atrapados en el laberinto de sombras donde había ido a cazar la conciencia de Camilo.
Un ruido metálico, rítmico y pesado, la obligó a levantar la vista.
Desde las sombras de los almacenes circundantes y los restos de la entrada