CAPÍTULO 51 – El vínculo de los alfas
Tao no era el compañero dulce de las noches junto al lago. Hoy, mostraba la faceta que lo hacía temido y respetado: la del Alfa nato. Sus ojos dorados eran pozos de severidad.
— Otra vez, Kerana —ordenó Tao, su voz cortante como el hielo—. Te estás tardando demasiado. Focaliza. El enemigo no te dará tres minutos para que encuentres tu centro.
Kerana inspiró profundamente, tratando de ignorar la punzada de irritación que le recorría la espina dorsal. Sus man