CAPÍTULO 50 – Entre el deber y el fuego
Tao caminaba sin rumbo fijo, alejándose de la comunidad, siguiendo senderos que conocía desde niño. Cada paso era pesado. No por cansancio físico, sino por el peso de una decisión que comenzaba a exigirle una respuesta.
Se detuvo cerca del viejo círculo de piedras, un lugar que no muchos frecuentaban. Allí el aire se sentía distinto, más denso, más antiguo. No le sorprendió encontrar a Mainumby sentado en el centro, con las piernas cruzadas, los ojos cerr