CAPÍTULO 23 – Los celos son malos consejeros
Lucy observaba desde lejos la cabaña de los sanadores, donde había visto por última vez a Tao y a Kerana. Apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en la piel. No era solo rabia… era ese sentimiento amargo que mezcla el orgullo herido con la sensación de perder algo que nunca se tuvo realmente.
Había salido antes con uno de los hijos mayores del alfa, Atuel, pero aquello había sido pasajero, una distracción. Tao, en cambio, despertaba en ella