CAPÍTULO 17 — Bajo la misma estrella
Tao había terminado su turno de patrulla en los extremos del territorio Rukawe. El aire fresco de la montaña le despejaba la mente, pero no lo suficiente para apagar la ansiedad que lo perseguía desde el amanecer.
Todo el día había estado pensando en ella.
En cómo la había visto por la mañana, en la preocupación de sus ojos cuando curioseaba por los alrededores, en la forma en que su voz —suave, incierta— lo alcanzaba incluso cuando no estaba cerca. No podía