CAPÍTULO 12 – Voces en la montaña
Tao llevaba horas caminando, sin rumbo definido, con el cuerpo tenso y la mente saturada. El eco de las palabras de su padre seguía persiguiéndolo como un látigo invisible. No había dormido en toda la noche; su castigo había sido justo, sí, pero no por eso menos doloroso. No soportaba haber decepcionado a Iker. Sin embargo, lo que más lo atormentaba no era la desobediencia, sino la certeza de que el motivo real del enojo era Kerana.
Su padre no la quería cerca.