La decisión de no guardar más secretos les había dado una paz frágil. Pero Fernando, acorralado y viendo cómo su imperio se resquebrajaba, necesitaba un golpe maestro. Un mensaje que resonara en el sanctasanctórum de sus enemigos: el quirófano. Y quién mejor para enviarlo que contra la arquitecta de ese santuario, Laura.
Ella caminaba con determinación por el estacionamiento, su mente ya en los siguientes turnos que debía coordinar. No vio al hombre emerger de entre los vehículos hasta que fue