En la sala principal de la catedral, todos los sacerdotes se reunieron aquella mañana a primera hora, el obispo se hacía esperar tal como era su costumbre, un aproximado de veinte sacerdotes se sentaron él sala, un leve murmullo se oía en la habitación, todos hablaban en baja voz dentro de la sala, —así que obispo tarda, dijo uno de los sacerdotes,
—es posible que su señoría, no haya podido levantarse, el peso de su propia alma le hace incapaz, para este servicio, rio otro sacerdote, que irrump