En el fondo del castillo, en las últimas habitaciones del castillo de Elizabeth, estaban diez niñas vírgenes bien encadenadas, desde los pies y las muñecas, algunas niñas apenas podían moverse por el terrible frío proveniente de las paredes del castillo,
en las afueras del mismo la nieve caía en grandes cantidades, la celda estaba bien resguardada por el protector del castillo, el joven Catalin, que era de aspecto extraño en extremo, y de una palidez mortecina.
Catalin descendió por las gradas