Mundo de ficçãoIniciar sessãoUna hermosa joven que sueña desde niña casarse con el amor de su vida, el mejor amigo de su padre, pero solo al cumplir la mayoría de edad, deja de soñar para volver su sueño realidad, hacer sacrificios y dejar las ilusiones por su matrimonio, uno lleno de amor y felicidad hasta que la tragedia los golpea, los secretos se hacen presentes y las mentiras piadosas se vuelven pan de cada día, ella es la viuda de su esposo, como enamorarse de alguien prohibido, él le salvó la vida y lo saco en su peor momento, no puede entregarle su corazón, no debe hacerlo, pero es tarde su corazón ya grita su nombre, no es una relación de tres, es un amor que no entiende razones.
Ler maisEl despertador de Meg sonaba con su estridente melodía, y la pobre chica, que estaba agotada, porque la noche anterior se había quedado estudiando hasta la madrugada, se levantó, y lo apagó. Como cada día, eran las cinco de la mañana, y al igual que cada día, el frío golpeó a Meg que estaba aún adormilada, y no era consciente de que no había encendido la calefacción porque no le quedaba suficiente dinero hasta final de mes.
Se duchó rápidamente, se puso su uniforme de limpiezas Carol’s, y tomó al pequeño Ben en brazos, aún profundamente dormido. Ben, que ya tenía cuatro años, era su alegría de vivir, aún cuando pasaran penalidades y ella tuviera que hacer horas extra en la empresa de limpieza, se sentía feliz de que el pequeño Ben hubiera llegado a su vida.
Cargó con él hasta el piso que estaba frente a su puerta, y antes de llamar al timbre, la puerta se abrió, y tras ella apareció su simpática vecina, Emma Giles. Tenía la cabeza llena de rulos, profundas ojeras, y una bata granate que estaba llena de manchas. No es que Emma fuera una mala ama de casa, es que su hija Violet le llenaba la bata de manchurrones con sus mañanitas, y a ella no le daba tiempo a lavarla todos los días.
Emma cogió al pequeño Ben en brazos, lo llevó a la habitación de Violet, y volvió a reunirse con Meg en menos de cinco minutos.
- Eres un ángel, Emma.
- ¡Que va! El que es un ángel es tu hijo, que ni siquiera protesta cuando le toca cambiarse de piso, ojalá mi hija fuera tan tranquila como el tuyo.
Violet, la hija de Emma tenía la misma edad de Ben, pero era un auténtico terremoto, desde que se despertaba, su madre tenía que estar vigilante de que no se metiera en líos.
- ¿Te apañarás para llevar a los dos al colegio? Mira que no quiero causarte un problema, y tú ya tienes bastante trabajo con Violet.
- Claro que si, porque los amenazaré con llenarle las tarteras de verduras, y de ese modo,se quedarán más quietos que si fueran estatuas.
Meg se rió con ganas, porque su encina y amiga siempre estaba de buen humor, y sus bromas la ayudaban a afrontar cada día con una sonrisa.
- Bueno, me voy, que no quiero perder el autobús,en especial hoy, que hace tanto frío en la calle. ¿Tú tienes mucho trabajo pendiente?
Emma se dedicaba a mecanografiar trabajos, y a elaborar presentaciones para estudiantes universitarios, e incluso para empresas. Era tan buena en lo suyo, que incluso le habían hecho una oferta de trabajo fijo, pero ella la había rechazado para poder quedarse en casa, y cuidar de su hija. A Emma le gustaba ser madre a tiempo completo, y por ese motivo, había buscado un trabajo que le permitiera pasar muchas horas en casa.
- Si, lo habitual, aunque no tengo especial prisa, todos los trabajos que me han solicitado esta semana, me han dado un plazo suficiente como para que no esté agobiada.
- Me alegro, que tengas un buen día.
Meg le dio un beso en la mejilla, y bajó corriendo las escaleras, y cuando vio que el autobús número 5, que era el que habitualmente la llevaba al centro de la ciudad, estaba ya entrando en la calle, corrió aún más deprisa, hasta que, con el aliento abrasándole la garganta, se colocó justo después de la última persona que espera en fila para subir al autobús.
NARRADOR OMNISCIENTE.DIEZ AÑOS DESPUÉS—Esta es una clase de intercesión familiar, ¿o qué?—Como la mayor, es mi deber ante ustedes y mis hermanos hacer uso de la palabra. —Era la pequeña Ana, que de pequeña ya no tenía nada. Era hoy a sus veintitantos años, estudiante en derecho con especialidad en familia; a lado suyo estaba Dimitri, con veinte años, un estudiante de ingeniería ambiental que le daba dolores de cabeza de vez en cuando atándose a algún árbol, haciendo protestas, lanzando huevos a las autoridades de la ciudad que se niegan a firmar la ley de protección animal.—Ella tiene razón, no me gusta dársela, pero está en lo cierto acerca de reunirnos todos aquí. —Era Ángel con veintiún años, estudiante de medicina, futuro cirujano con especialidad en oncología y jugador de ajedrez aficionado, pero que en su poder tiene varios premios por ello. —Esto lo hacemos por su bien; siempre han velado por cada uno de nosotros y han procurado por nuestro bienestar.—No entien
VICTORIA—Madre, tengo curiosidad porque no nos dijiste nada de lo que estabas pasando. Una pregunta que siempre quise evitar responder; después de todo, se trata de mi hijo, de Dimitri, que aunque no nació de mi vientre, sí lo hizo en mi corazón, Ver su carita de expectativa, saber que tan pequeño padeció por tantas cosas, lo de sus padres biológicos y después lo que tuvo que pasar con mi enfermedad.—Por miedo, cariño, quería protegerlos y no me di cuenta de que los iba a lastimar aún más con mis decisiones. ¿Me perdonas?No dice nada y me abraza, sujetándose de mi cintura; es como su respuesta silenciosa, Por un momento se queda callado y eso me alegra.—Mami, lo bueno es que estás aquí, con nosotros, y si te pasaba algo, íbamos a volver a sentirnos solos.Acaricio su cabello y beso su cien, Mi niño grande, no tiene idea de que tanto Bastián, sus hermanos y él me dieron la fuerza para seguir, para no rendirme; fueron, como dice la canción, mi motor y motivo.…—¿Cómo te sie
VICTORIA—Ahora sí estás preciosa.—Sí, mami, tú eres la campeona mundial de hacer peinados a las princesas; a papi no le sale, no le diga, pero la vez pasada intentó usar esa cosa que usa para limpiar el carro, pero no le digas que te dije,Beso su pequeña nariz y la bajo de la encimera de la cocina; la veo correr a recibir a los invitados, Mi pequeña lombriz recibe a todos con una reverencia; yo la admiro y sonrío, suspiro profundo, me da esa nostalgia de cómo el tiempo pasa rápido, De pronto siento unos brazos alrededor de mi cintura y un beso en mi clavícula y yo acaricio con mi mano izquierda su rostro, siento su incipiente barba.—Mi princesa se ve hermosa, pero más mi reina.—Y tú cada día más guapo. —Me giro y lo rodeo con mis manos sobre su cuello. —¿Qué se le antoja hoy al rey de esa casa?—No me tientes, hermosa, que hay muchos niños cerca. —Eso último me dice al oído, pego mi rostro contra su pecho; en fechas como estas me da la nostalgia mucho más fuerte, porque pienso
BASTIÁN —Tómate este café, te hace falta.—Gracias; de lo contrario, me dormiré de pie.Le responde a mi padre, quien me da un par de palmazos sobre el hombro: Este lugar parece un campamento". Charlotte se fue a atender a mi hermana; Valery está rezando y aquí estamos, Emilia, quien está descansando sobre las piernas de Sebastián, Esta angustia nos tiene, como diría mi nana, con el Jesús en la boca, Recé, me hinqué y supliqué que le diera una oportunidad, que nos dejara ser felices, sin esa sombra de angustia sobre nuestras espaldas.—¿Cómo está, Ivanna?—En reposo absoluto, el doctor le dijo que las emociones fuertes pueden elevar su presión.—Deberías estar con ella —le digo; aunque agradezco su apoyo, no puedo arrastrar a todos a este tipo de suplicio, Me siento culpable de que algunas veces quiero estar solo, que nadie esté a mi alrededor y poder llorar con tranquilidad, gritar por esta rabia que me recorre, porque nos costó tanto estar juntos; tal vez nunca debí poner mis ojos
VICTORIASiento mi cuerpo pesado, mis ojos arden, pero no puedo abrirlos del todo; un constante cosquilleo en las palmas de mis manos y pies no me deja asimilar que estoy despertando, pero.—¡Mi bebé!Es lo primero que logro decir; no sé si lo grité o si se escuchó como un susurro, es como si hubiera perdido noción de la realidad, pero mi niña nunca podría olvidarla, eso jamás.—Hola, amiga, ¿cómo te sientes? —Reconozco su voz, es Charlotte.—Yo…yo yo —tartamudeo, quiero hablar, juro que quiero, pero es como si no tuviera fuerzas o me las hubieran quitado. Toco mi vientre, como dando alguna señal de lo que quiero y no puedo decir.—Es hermosa, perfecta, no te preocupes, solo que nació antes de tiempo y la están atendiendo, pero está bien, lo hiciste bien.No puedo evitar llorar, lo que tanto evité, por lo que luché hasta agotar mis fuerzas, mi princesa, pero ella me pide que me calme. Un sonido como de alarma se empieza a alterar. Me siento tan culpable, tan mala madre. Yo le hice es
BASTIÁN —¿Cómo está ella?—No lo sé. —Fui sincero, me sacaron a la fuerza de aquella sala, mientras intentaban regresarla a la vida. Yo gritaba, peleaba con los enfermeros, pero fue en vano. No sé cuánto tiempo estuve en el suelo hasta que tuve que salir de ahí, porque el aire me faltaba y mi cabeza iba a explotar.—Ella tiene que estar bien, por favor, tiene que estar bien— Es Valery siendo consolada por su marido; yo ahora estoy sentado sobre una de las bancas, De pronto sale una doctora, con la ropa manchada de sangre; es como si una película de terror en cámara lenta, me congela la sangre su mirada, como si no tuviera buenas noticias.—Señor Carter. Logramos estabilizar a su esposa; sin embargo, necesitamos hacer las pruebas que no pudimos antes, saber cuán avanzada está su enfermedad; el tiempo en este tipo de situaciones es un factor vital.—Hagan lo que tengan que hacer.—Necesitamos que firme esto, son los documentos legales para aceptar los riesgos que esto contempla. El





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