29. CONFUSIÓN
LIAM
No pude dormir.
El recuerdo de esa noche —la voz dulce de Lizzy, el vapor del té, sus ojos brillando a la luz de la luna— seguía dándome vueltas en la cabeza.
No debería pensar en ella, no así.
Mi mente me dice Margareth, pero mi cuerpo, mis pensamientos... no obedecen.
Cierro los ojos e intento recordar a la verdadera.
Margareth, altiva, de palabras medidas y mirada orgullosa.
La que me retó, la que ocultaba algo detrás de cada palabra.
Esa mujer me fascinaba.
Y, sin embargo, cuando trato