94. TREGUA ENTRE HERMANAS
RIVEN
Hay sonrisas que parecen porcelana.
Brillan.
Pero si las golpeas, suenan huecas.
La mía, por ejemplo.
Marcus Nolan me habla con una cortesía tan estirada que podría usarse como cuerda de violín. Su esposa asiente a cada frase, rígida, como si temiera que mi sombra le manchara el vestido.
Adorables.
Casi puedo oler lo poco que me soportan.
Y, sinceramente, el sentimiento es mutuo.
—Mis hombres en Ritchmond han estado colaborando con los quehaceres diarios e incluso la seguridad en las rut