Capítulo cincuenta y cinco. Decirlo en voz alta
La sala de conferencias estaba llena antes de la hora pactada.
Cámaras alineadas como un ejército silencioso. Micrófonos con logos brillantes. Periodistas murmurando teorías que no habían sido invitadas. Afuera, la lluvia había vuelto, fina y persistente, como si Nueva York se negara a conceder treguas.
Alexandra Hale esperó detrás del panel de vidrio esmerilado. Respiró hondo. Contó hasta cuatro. Volvió a respirar.
Daniel estaba a su lado. No dijo nada. No hizo falta. Le sostuvo la mano con una firmeza que no pedía permiso.
—Cuando salgas —murmuró—, recuerda esto: no les debes una versión edulcorada de tu vida. Solo la verdad.
Alexandra asintió.
—Y tú —añadió ella, con una sonrisa breve—, no me mires como si fueras a saltar sobre cualquiera que levante la voz.
Daniel arqueó una ceja.
—Haré un esfuerzo sobrehumano.
Carlos apareció por el pasillo con un gesto sobrio.
—Todo listo. Transmisión en vivo confirmada. —Miró a su hermana—. Pase l