Capítulo cincuenta y cinco. Decirlo en voz alta
La sala de conferencias estaba llena antes de la hora pactada.
Cámaras alineadas como un ejército silencioso. Micrófonos con logos brillantes. Periodistas murmurando teorías que no habían sido invitadas. Afuera, la lluvia había vuelto, fina y persistente, como si Nueva York se negara a conceder treguas.
Alexandra Hale esperó detrás del panel de vidrio esmerilado. Respiró hondo. Contó hasta cuatro. Volvió a respirar.
Daniel estaba a su lado. No dij