Capítulo cincuenta y cuatro. La verdad también sangra
La mañana llegó con titulares.
Alexandra lo supo incluso antes de encender el teléfono. Daniel se tensó a su lado apenas vibró la mesa de noche, como si el sonido fuera un disparo.
—No lo mires todavía —murmuró él, adivinándolo.
Pero Alexandra ya tenía el móvil en la mano.
El primer titular la golpeó directo al pecho.
“¿Madre ejemplar o heredera irresponsable? Dudas sobre la gestión de Alexandra Hale.”
Debajo, una fotografía cuidadosamente seleccionada: ella, entrando a un edificio días atrás, el gesto serio, Liam parcialmente visible detrás de una puerta entreabierta. Nada explícito. Todo insinuado.
Alexandra sintió un frío antiguo recorrerle la espalda.
—Empezó —susurró.
Daniel se incorporó de inmediato.
—Dame eso.
Leyó rápido. Demasiado rápido. Su mandíbula se endureció.
—No acusan nada concreto —dijo—. Es basura envuelta en palabras elegantes.
—Es peor —respondió ella—. Es sembrar duda. Lo suficiente para que otros hagan el res