Capítulo cincuenta y tres. Cuando el peligro aprende a sonreír
Alexandra tardó varios días en sacarse de encima la sensación de que algo estaba mal.
No era miedo abierto. No era una amenaza concreta. Era esa incomodidad sorda que se instala en la piel cuando la calma es demasiado perfecta.
El apartamento de Daniel estaba lleno de vida. Liam reía en la alfombra del living mientras armaba una torre imposible de bloques junto a Millie, que había venido a pasar la tarde con Nicole. El bebé de Nicole dormía en el cochecito, y el murmullo de los adultos llenaba el espacio con una normalidad que Alexandra había deseado durante años.
Y aun así…
Alexandra observaba la escena con una mano apoyada en la encimera de la cocina, el café olvidado entre los dedos.
—Estás en otro planeta —dijo Daniel a su espalda, rodeándole la cintura con naturalidad.
Ella apoyó la frente en su hombro.
—No me acostumbro a que todo esté… bien.
Daniel sonrió apenas.
—Eso no es una alerta. Es trauma.
Alexandra soltó una