Capítulo treinta y ocho. Algo se pierde, algo se gana.
El aire del penthouse olía a jabón infantil y ropa limpia. Millie dormía profundamente en la habitación que ahora era suya, con sus peluches alineados junto al cabecero y la pequeña lámpara con forma de luna encendida. Nicole la observó por un momento desde el umbral, luego cerró la puerta con cuidado.
Al girarse, se encontró con Kyan en el pasillo, apoyado contra la pared, como si llevara ahí un rato.
—¿Durmió bien? —preguntó él en voz baj