Capítulo treinta y seis. Lo que se aprende a llamar hogar.
La tarde cayó despacio, sin sobresaltos, como si el mundo hubiera decidido darles una tregua.
Alexandra estaba sentada en el sofá con la laptop abierta, revisando por tercera vez los mismos documentos. Números, propiedades, nombres de empresas que llevaban el apellido Hale como una cicatriz mal cerrada. Carlos había sido claro: no bastaba con reclamar la herencia, había que entenderla para que no volviera a convertirse en un arma.
—Vas a terminar viendo números cuando cierres los ojos —dijo Daniel desde la cocina.
Ella levantó la mirada y sonrió apenas.
—Ya los veo.
Daniel se acercó con dos tazas de café. Le ofreció una y se sentó a su lado, apoyando un brazo en el respaldo del sofá, lo suficientemente cerca como para que sus piernas se tocaran.
—Carlos llamó —dijo él—. Mañana tienen la primera reunión formal con los abogados de la familia Hale.
Alexandra asintió.
—Lo sé. —Suspiró—. Me siento como una intrusa en mi propia hist