Capítulo veintidós. La vida que sí se queda
Valentina descubrió algo importante.
Planear una boda embarazada debería ser deporte olímpico.
—No necesito cinco tipos de flores —murmuró mirando catálogos.
—Necesitas las que te hagan sonreír —respondió Marcos, tirado en el sofá como si aquello no fuera estrés puro.
—Eres sospechosamente relajado.
—Porque ya gané. Tú dijiste que sí.
Ella lo miró.
Y maldición.
Seguía sintiendo mariposas.
— — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — —