Mundo ficciónIniciar sesiónEl Panteón Municipal de Guadalajara no tenía la vocación ornamental de los cementerios capitalinos. Aquí los muertos descansaban sin pretensiones, en hileras de nichos encalados que se extendían bajo la sombra de los eucaliptos como una ciudad en miniatura, silenciosa y ordenada. A las siete de la mañana, la neblina del Bajío todavía se pegaba a las losas, y el frío húmedo de enero calaba distinto al de la Ciudad de M&eacut







