Mundo ficciónIniciar sesiónEl nombre llegó como un susurro desde el borde del abismo.
Rafael Cortés.
Augusto Monteverde lo pronunció con los labios más que con la voz, mientras el fiscal Romero se inclinaba sobre él sin comprender todavía que aquello no era una confesión sino una advertencia. Dos palabras que el viejo había guardado durante más de treinta años en algún compartimento sellado de su memoria, y que ahora escapaban con la urgencia desordenada de lo que ya no puede contenerse.
Todavía vi







