Ximena no había dormido. Las primeras luces del amanecer se filtraban por las cortinas del penthouse mientras ella permanecía sentada en el sofá de su habitación, aún vestida con la ropa del día anterior. Las palabras de Thiago resonaban en su mente con la persistencia de una alarma que no podía silenciar: matrimonio real, protección legal, única manera.La puerta de su habitación se abrió sin previo aviso. Thiago entró con dos tazas de café, luciendo como si hubiera dormido perfectamente cuando ella sabía que tampoco lo había hecho. Lo notaba en la tensión casi imperceptible alrededor de sus ojos, en la forma en que sus hombros se mantenían rígidos bajo la camisa blanca impecablemente planchada.—Necesitamos hablar sobre los detalles —dijo él, colocando una taza frente a ella en la mesa de centro.—¿Detalles? —Ximena tomó el café, agradeciendo el calor contra sus manos frías—. Thiago, estás hablando de matrimonio. No de firmar un contrato comercial.—Técnicamente, es ambas cosas.Ell
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