Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl Panteón Jardines del Recuerdo no era un lugar pensado para la duda. Sus avenidas de cipreses recortados y sus lápidas de mármol blanco comunicaban certeza, permanencia, el orden definitivo de las cosas que ya no pueden cambiar. Por eso resultaba tan violento lo que Ximena Salazar estaba viendo a las diez de la mañana de un martes de enero, con el sol de Guadalajara cayendo sin piedad sobre la tierra removida y el ataúd de caoba abierto frente a ella.







